El discurso es fuerte y claro -¿les suena?- dentro de los grandes ejes del actual gobierno esta el emprendimiento y la innovación, para ello se han dado ciertas ventajas que antes no se daban. Para ser preciso: existe un clima que señala que vamos para allá, lo anterior se traduce en una clase política convencida de lo anterior, un marco legal que regule el esfuerzo desde el gobierno y por último, y lo más importante, es que existe plata para el apoyo a estas iniciativas.
Pero son suficientes estos tres factores para que el país entre en la senda del desarrollo a través del emprendimiento y la innovación, al parecer NO, ratificado por la reforma de mercados de capitales (MK II) que fomenta la industria del capital de riesgo, lo que se traduce en el financiamiento para las PYMES. Estamos salvados!!
Hasta ahí todo bien, pero en la practica esto resulta en que no estamos preparados para ese destino. ¿Por qué? Resulta que solicitando un Crédito de estudio CORFO al Banco de Chile, que no tiene nada que ver con el capital de riesgo, me piden un sin fin de papeles que van desde liquidaciones de sueldo, el contrato con mi empleador, carta de aceptación del programa, aval. Y lo que me dejó plop, una carta de mi empleador en la cual señale que durante el tiempo de gracia que te otorga el crédito no seré despedido de mi trabajo (ojala existiera algo así).
De lo anterior, muchos de ustedes se dirán en esto no hay nada nuevo. Estimados, si lo hay, yo trabajo en CORFO. Eso no me hace diferente, sino más bien es que muchos clientes que veo en la Corporación y que no son sujetos de co-financiamiento (subsidios) uno los deriva a lo que se denomina intermediación financiera, es decir, CORFO licita platas a los bancos para que estos administren esos fondos con mejores tasas y plazos que los créditos convencionales.

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